Cuando nadie juega solo - La Scaloneta
Un equipo deja de ser una suma de individualidades cuando cada integrante se compromete con el conjunto.
Cuando nadie juega solo - La Scaloneta
La Scaloneta parece contradecir uno de los rasgos más visibles de nuestra época: el predominio del rendimiento individual, la exhibición permanente y la búsqueda incesante de reconocimiento. Desde el psicoanálisis, podríamos decir que el cuerpo técnico ha logrado construir un lazo donde el deseo de cada uno encuentra un lugar dentro de un proyecto compartido.
Un equipo deja de ser una suma de individualidades cuando cada integrante se compromete con el conjunto. De ese compromiso nace una fuerza superior a la de cualquier talento aislado.
Lionel Scaloni ocupa un lugar poco habitual. No encarna la figura de líder autoritario, un amo que todo lo sabe. Su autoridad no descansa en el control absoluto, sino en la capacidad de crear un dispositivo donde cada jugador puede desplegar su singularidad. Escucha, distribuye responsabilidades, modifica decisiones cuando lo considera necesario y comparte siempre el mérito con sus jugadores. Es una autoridad que genera confianza porque no aplasta; orienta sin anular.
Algo semejante ocurre con Lionel Messi. Durante años la selección pareció organizarse alrededor de la exigencia de que él resolviera todo. En la Scaloneta sucede lo contrario: sigue siendo el mejor, pero ya no es el único responsable del destino del equipo. Cuando el grupo sostiene a Messi, Messi puede jugar. Y paradójicamente, cuando deja de cargar con todo el peso, aparece su mejor versión. Su liderazgo no se impone, contagia y lidera sin estridencias.
Resulta interesante observar cómo este equipo tramita el narcisismo y el error. El reconocimiento individual no desaparece, pero deja de ocupar el centro. Se produce un desplazamiento del “quiero destacarme” hacia el “quiero que al equipo le vaya bien”. Si un jugador falla, el grupo no lo expulsa: lo sostiene. Esa confianza no elimina la exigencia; elimina el miedo paralizante, dando lugar a la creatividad, el juego y el riesgo.
Hay otra característica que conmueve especialmente: este equipo no se rinde, transmite una disposición subjetiva frente a la adversidad: insiste, pelea cada pelota, sostiene el esfuerzo hasta el último minuto. Trabajo, convicción, perseverancia y confianza mutua son valores que exceden al deporte y explican, en parte, la profunda identificación que despierta.
La Scaloneta ofrece una imagen poco frecuente en nuestro tiempo: vivimos en una cultura que suele promover el “sálvese quien pueda”, la competencia permanente y la construcción de una marca personal. Este equipo propone otra lógica: nadie se salva solo, una idea con una enorme potencia subjetiva. Quizás por eso genera una identificación que trasciende el deporte. No solo porque gana, sino porque demuestra que todavía es posible construir un proyecto común sin borrar las diferencias.
Nosotros crecimos jugando al fútbol, con mucha pasión, con muchas ganas siempre de jugar, de divertirnos, de pasarla bien, sea cual sea el lugar… en un colegio, en la calle o en el club del barrio, como empezamos todos… Nunca pensamos en la presión. Siempre lo vivimos como algo natural. Desde chico entendí que se pierde mucho más de lo que se gana, y eso también me ayudó a crecer como persona y como jugador.
Cómo no emocionarnos con esta expresión de Messi que nos lleva a rescatar el valor del juego, recuperar algo de la infancia perdida cantando, bailando, riendo en las calles con otros. Hay otro aspecto menos comentado que también explica la identificación que produce este equipo: cuando escuchamos a los jugadores hablar de su infancia, de sus familias y de quienes los acompañaron para llegar hasta aquí. Se emocionan, agradecen a quienes los acompañaron, lloran, sin esconder las lágrimas. Esa sensibilidad no es una amenaza. En una cultura que suele asociar el alto rendimiento con una masculinidad invulnerable, que no se quiebra ni exhibe sus afectos, la Scaloneta ofrece otra imagen: se puede disputar una final del mundo y, al mismo tiempo, conmoverse hablando de su familia y de los sacrificios que hicieron para llegar hasta allí. Esa capacidad de emocionarse no disminuye su autoridad; probablemente la fortalezca.
Nadie se constituye solo, la historia de un sujeto lleva las marcas de otros que lo alojaron, lo sostuvieron y transmitieron un deseo. Por eso conmueve tanto escucharlos recordar de dónde vienen, hablar del camino recorrido y de los lazos que hicieron posible ese recorrido. En una época que empuja a construir una imagen autosuficiente, estos jugadores nos recuerdan algo elemental: detrás de cada logro siempre hay una trama de lazos, cuidados e ideales que orientaron.
Tal vez uno de los mayores logros de la Scaloneta no sea una innovación táctica ni una preparación física excepcional. En un marco donde la sensibilidad no queda enfrentada al alto rendimiento, quizás su mayor invención haya sido construir un dispositivo donde el talento individual encuentra un límite y, precisamente por eso, puede desplegarse mejor. Allí reside una paradoja fundamental: no es cuando alguien busca brillar por sí mismo que alcanza su mejor versión, sino cuando encuentra un lugar para su deseo junto a otros.
Esta enseñanza excede ampliamente al fútbol. Vale para una institución, para un equipo de trabajo, para una familia e incluso para una práctica clínica: un buen dispositivo no borra las singularidades; crea las condiciones para que cada sujeto pueda desplegarse junto a otros. En esa delicada tensión entre lo singular y lo colectivo encuentro uno de los mayores secretos de la Scaloneta.
Mariana Trocca
Coordinadora Nacional de Salud Mental de Medifé
Julio 2026

